sábado, 25 de abril de 2015

ASÍ FUE EL VIAJE A S. JUAN DE LA PEÑA Y LOARRE


Fotografía: Carlos Rojo













Partimos tan puntuales como de costumbre, a las siete treinta de la mañana del edificio Quintiliano. Ya era de día. 




Chema Iturriaga
Paco Ruiz Borque












Pronto dejamos atrás las edificaciones de la ciudad y nos adentramos en los campos, que la eclosión de la primavera había inundado de una singular belleza. Los distintos árboles en flor vestían aquí el paisaje con un traje multicolor. Más allá, los trigales extendían por doquier una inmensa alfombra verde. Los campos de cebada, ya con espigas, se mecían ondulantes acariciados por la fresca brisa matutina. 


Mª Victoria Soto

A lo lejos, las parcelas de colza y de soja salpican cada trecho la alfrombra verde con un intenso color amarillo. Amapolas, margaritas, aulagas, carregüelas, claveles, malvas, retamas, campanillas, crisantemos y un sinfín de flores silvestres adornaban el entorno con su exuberante policromía. A las nueve treinta, Berdún. Parada de rigor. Aligeramos "nuestros depósitos" y durante media hora pudimos tomar un café y endulzar nuestros paladares con las "chuches" que ADEX y Trini con su ya clásico bizcocho nos obsequian. Bueno...nos malcrían, pienso yo. 


Menchu Benito

Reanudamos la marcha de nuevo, y tras media hora más por una tortuosa caretera nos soprendió de pronto la inmensa mole de un edificio levantado sobre el corte de una roca: el monasterio viejo de San Juan de la Peña, nuestro primer destino. La guía que nos acompañó fue desgranando la cinegética y esotérica leyenda de los orígenes de aquel monasterio, así como la historia de su construcción y la finalidad de sus dependencias ubicadas algunas de ellas en las propias oquedades de la roca. 


Esther Sesma


Pudimos contemplar una reproducción del Santo Gríal que también, según la leyenda, estuvo aquí depositado algún tiempo para su custodia y en la actualidad se halla en la Catedral de Valencia. Lo más hermoso de todo son los restos del claustro. Los capiteles de las columnas que sustentan los restos de su arcada, están primorosamente tallados con escenas bíblicas del Antiguo y Nuevo Testamento. 



Paco Moral Portillo
Concluída la visita al monasterio viejo, y por una carretera no menos tortuosa que la anterior, nos trasladamos al nuevo, donde el guía nos abandonó sin ninguna explicación y se fue a atender al público en la tienda de souvenirs. "Business is Business", sentenciaría Julia Baigorri. Después de comer en Ayerbe, visitamos el Castillo de Loarre, en el que una guía nos fue contanto el carácter defensivo de la edificación y el uso al que era destinado cada uno de sus habitáculos.




Ana Mª García 
Concluída la visita, aún tuvimos un ratito para poder tomar algo en la terraza de un bar muy cerca del castillo. Cabe decir, esta vez también, que el día fue tan excelente, que ni las "canturriadas que nos cascamos" en el autobús de regreso, pudieron hacer que lloviera, y tan sequitos pero, eso sí, algo cansados, llegamos a nuestro hogar, dulce hogar...

Texto: José Antonio González

Fotógrafos: Menchu Benito, Ana Mª García, Esther Sesma, Mª Victoria Soto, Paco Ruíz Borque, Chema Iturriaga, Paco Moral Portillo, y Carlos Rojo. Muchas gracias a todos. 


En esta carpeta tenéis más fotos del viaje. 

Excursión a San Juan de la Peña y Loarre



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